Recorreremos la arquitectura urbana con una carta, redescubriremos todos los buzones de nuestra calle y los portales de nuestros destinatarios a través de un personaje entrañable, divertido y absurdo. Juego sin palabras y gags visuales forman parte de un día cualquiera en la rutina de este funcionario de correos. Sin darse cuenta que está siendo observado, él hace y deshace para conseguir su objetivo, acabar la jornada laboral habiendo repartido todo aquello que se le ha encomendado. Con un simple buzón como contrapunto, él intentará llevar al destinatario, ya sea exprés o certificado, aquel anhelo que tanto esperaba; eso sí, siempre con el sello de la casa, ¡una sonrisa!
